Reflujo Gastroesofágico: Uno de mis mayores problemas por estrés crónico.
Reflujo Gastroesofágico: ¿Cómo llego a mi vida?
De vez en cuando, me dejo caer por la ciudad de Madrid. Quiero hacer un inciso antes de seguir. Yo me críe en un barrio que era como un pueblo, ir a Madrid provoca en mí unos sentimientos encontrados. Me atrae, pero a la vez me repele.
Soy una persona sensible, puede que no sea altamente sensible, pero sí más que la mayoría. Así que, cuando me acerco a los «madriles», sé que voy a encontrar gran cantidad de estímulos que tengo que tomarme con tranquilidad. Pero alguna vez, sobre todo cuando entro en tiendas, locales o por las calles principales, me sobrepasa la cantidad de gente que recorren esos lugares.
Hace unos años, en navidades (llevaba un par de meses con la situación estresante que os comenté), estaba dando una vuelta cerca de Sol y nos acercamos a una librería que hay allí, que es espectacular.
Antes de seguir, me gustaría comentaros mi fascinación por las librerías y las bibliotecas, cada vez que viajo, lo primero que hace mi pareja, es buscar una biblioteca importante, para llevarme. No lo puedo remediar, solo de pensarlo se me ponen los pelos de punta. ¡Es tan emocionante!

El caso, es que antes de entrar a la librería pasamos por El Corte Inglés a buscar no sé qué cosa. Al pasar, me empezó a dar una tos extraña. Era como una tos mínima, pero de manera constante. Cuando salimos del lugar y fuimos a la librería, se me pasó. Después salimos a la calle para volver, y las calles estaban abarrotadas de gente, y me volvió la tos. ¿Qué narices pasa?- pensé.
Un mes después fui al gastro porque tenía reflujo. Tenía que dormir con cuña, para alzar mi torso, porque notaba que se me subía algo y me daba tos al acostarme. Además, cada vez que comía algo me sentía mal. Y tenía mucha hambre a todas horas.
Esa tos, que os contaba anteriormente, fue el principio del reflujo.
Me hicieron pruebas y a pesar de diagnosticarme de cardias incompetente, una gastroenteróloga me dijo que lo que me pasaba no era reflujo gastroesofágico, lo que me pasaba era psicológico.
Cuando tienes un cardias incompetente significa que el esfínter esofágico inferior (EEI) —la válvula situada entre el esófago y el estómago— no cierra correctamente.
El cardias debería abrirse para dejar pasar el alimento al estómago y cerrarse después para impedir que el contenido gástrico vuelva hacia arriba. Si es incompetente, pierde tono o no sella bien. Lo que puede conllevar reflujo gastroesofágico.
Pero oye, ¡lo mío era psicológico! A pesar de tener el cardias incompetente, no cumplía los criterios para que estuviera sufriendo reflujo gastroesofágico.
Busqué otro gastroenterólogo y este me dijo que tenía reflujo gastroesofágico raro. Con el tiempo me di cuenta que se debía al estrés, en momentos de alto estrés, se activaba.
Reflujo gastroesofágico (RGE)
Es un trastorno en el que el contenido del estómago (ácido y a veces alimentos) regresa hacia el esófago, el tubo que conecta la boca con el estómago.

Normalmente, la válvula de la que os he hablado anteriormente, la que tengo «incompetente», se abre para dejar pasar la comida al estómago y se cierra para evitar que vuelva hacia arriba. En el reflujo, esa válvula no funciona bien o se relaja en momentos inadecuados, permitiendo que el ácido suba.
¿Qué conllevó en mi vida?
No solía sentir ardor, ni quemazón en el pecho. Pero si parecía que se me volvía el alimento, hecho papilla, a la boca con un sabor ácido desagradable. A los pocos días de comenzar con el reflujo gastroesofágico, empecé a sentir como «un moco» en la garganta, y no desaparecía en ningún momento. Luego supe que esto es una respuesta irritativa de la mucosa y que se puede volver hipersensible, generando la sensación persistente, llamada Globus faríngeo. Y de vez en cuando, al aumentar el estrés me daba tos.
¿Por qué me ocurría?
Un agente desencadenante, teniendo en cuenta mi estrés crónico, fue cuando un médico me mando un antibiótico por una supuesta bronquitis y me dijo que me lo tomara sin comida. A partir de ahí, empezaron las toses y unos días más tarde el reflujo silencioso, pues sabía que pasaba algo, pero no sabía muy bien el qué.
Me di cuenta de que no me ayudaba nada comer en casa de mis padres, pues la comida mediterránea de toda la vida, tiene la suficiente grasa para que muera después de ingerirla. Además de las cantidades excesivas de comida rica que ponen en la mesa.
¿Sabéis lo mucho que me cuesta ver toda esa comida y decir que no? ¡Es un castigo! Entre los entrantes (chorizos, lomos, jamón, queso…), el primer plato y el segundo, más el postre con un bollo que hace mi madre… Yo… ¡no puedo! Siempre que voy, paso una tarde pesada. Y si estoy en un buen momento, puede que solo sea un mínimo reflujo. Pero si estoy estresada, os lo podéis imaginar ¿verdad?.
Por suerte para mí, yo ni fumo, ni bebo. Aunque algún día, si me tomo un vermut. Cuando estoy con reflujo no puedo beber alcohol y ni pasar o estar al lado de alguien que fume, me da una reacción instantánea.
Y hablemos de las cenas. Aunque cene 2 horas antes, no me puedo tumbar. No sé cuantas horas me dura la digestión, aunque no haya comido mucho. Lo que he averiguado es que el agua con las comidas fatal, ni poco antes, ni después, sobre todo tras la cena.
Ni que decir de la cuña de la cama para estar un poco incorporada. ¿Quién ha inventado eso? Deberían poner unos velcros para que con un pijama especial, con velcros también, te quedaras toda la noche en el mismo lugar. ¡Me paso toda la noche bajando y subiendo! ¡Me resbalo! No puedo dormir bien, porque me duermo arriba y me despierta el reflujo abajo.
Intentar ser consciente del presente, el «aquí» y el «ahora», es super complicado cuando estás en un momento de estrés. Te juro que, desde que sé que me viene bien comer despacio, hago mindfulness cada vez que como. Pero cuando estoy estresada, ¡no me acuerdo del presente! No quiero mentiros, si me acuerdo, pero cuando me quedan dos cucharadas de sopa o un pedazo de comida.
Estamos acostumbrados a comer de manera automática, y es normal que me cueste, cuando toda la vida he comido así… como el Monstruo de las Galletas. Pero ¡me sienta fatal!
Es muy duro que la mente te domine y tu estómago también. Y es que se unen como equipo, para fastidiarme. No sé por qué se piensan que lo están haciendo bien.
Cuando tengo reflujo más fuerte, mi estómago le pide a mi cerebro que me haga saber que tiene hambre. Al principio, me pedían alimentos procesados, pero como no era capaz de esconderlos a mi mente, y siempre averiguaba donde estaban, dejé de comprarlos. Así que, viendo que ya no tenían esas opciones, pues optaron por «si no me das productos de mierda, dame buenos pero muchos más».
Mi cuerpo, me obligaba a comer a todas horas, era curioso como sabía cuando estaba mi pareja, pues estaba deseando que se fuera para llenarme de comida, mi cuerpo… ¡no yo! De esta manera, el reflujo ganaba y se mantenía en la misma posición o mejoraba su puntuación, haciéndome sufrir enormemente.
Con el tiempo aprendí que comer alivia transitoriamente la irritación ácida y por ello el equipo neurogastroentero (cabeza y estómago) intenta comer más. Y de esta forma tengo que esforzarme mucho para luchar contra ellos y no comer entre horas.
Después de marear a algún gastroenterólogo, averigüe que mi reflujo era más bien Reflujo laringofaríngeo (RLF). En este enlace puedes seguir leyendo sobre qué es este tipo de reflujo y por qué el estrés crónico puede desencadenar este tipo de enfermedades.
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