Reflujo y problemas digestivos asociados: Un cambio comportamental para calmarlo.
Reflujo y problemas digestivos asociados. Empecemos a hacer cosas que nos ayuden a mejorar.
Es cierto, que cuando comencé a tener reflujo, tenía muchos síntomas, como os conté en el post «Reflujo Gastroesofágico: Uno de mis mayores problemas por estrés crónico» y «Reflujo Laringofaríngeo: el reflujo más desconocido». Me tuve que medicar durante 3 meses con omeprazol y la verdad es que no sentía que se estuviera solucionando completamente. De esta manera decidí, hablándolo con mi gastroenterólogo, quitarme la medicación y ver que pasaba.

Había tomado todos los cambios posibles de estilo de vida. Es cierto, que no siempre respetaba todos, pero por regla general me controlaba un montón. Pero mi mayor problema era que mis niveles de estrés eran altos.
Los cambios que lleve a cabo fueron:
- Dejar de comer entre horas. Este también me suponía un problema, sobre todo cuando llegaba de trabajar y mi pareja pasaba la tarde fuera. Tenía una falsa hambre a todas horas (como os expliqué en el post anterior). Era muy difícil para mí dejar de comer.
- Dejar de comer comida procesada. No os voy a mentir, en las comidas familiares, no siempre lo podía cumplir.

No os pongo esta foto para haceros sufrir. Solo que estaba buscando productos procesados para incluir una imagen, vi esta y comencé a salivar. ¡Que pinta tiene! ¡Quiero llorar! ¡Lo echo de menos!
Creo que estos dos cambios fueron los que más me costaron.
- Tenía un horario cerrado de 5 comidas al día. De esta manera lograba que no se me juntaran, ni cenar muy tarde. También lograba así calmar, un poco, la falsa hambre.
Cuando salía a tomar algo con amigos, tenía que llevarme un táper con mi merienda y beber solo agua. Era caótico tener que explicar al camarero, que solo iba a pedir agua pero que iba a comer lo que me había traído. Su cara era un cuadro. No me quedaba otra, la comida de los bares y restaurantes me sentaba muy mal.
- Intentaba salir más por la tarde de paseo, para que no me dieran ganas de comer. Esto me resultaba muy duro, pues acababa de perder a mi perro amado Rómulo hacía unos meses.
- Intentaba ir a escalar y fortalecer un poco mi cuerpo. Me sentaba muy bien, pero rápidamente perdía la constancia y lo dejaba (por ejemplo, si unos días me encontraba peor y no iba).
- Empecé hacer mindfulness en el coche a la que iba al trabajo. La verdad es que no es el mejor lugar para hacerlo, aunque te centres en conducir, las carreteras que ya te conoces mucho, dan pie a la conducción automática. Sí me servía y notaba que mi estómago estaba más tranquilo.
- Tuve que dejar de cantar, porque como no lo hacía con la técnica adecuada, me hacía polvo las cuerdas vocales con el reflujo.
Más o menos, fue eso lo que cambié para controlar un poco el reflujo.
La situación estresante que vivía en ese momento en mi otro trabajo, fue el desencadenante de que mi estrés se agravara y comenzara a tener síntomas corporales (somatización). Ahora esa situación ya no existe. Aún así, cada vez que hay algo similar en mi otro trabajo, salta enseguida la alerta… Y es que esta experiencia, me dejó con un botón de emergencias muy fácil de activar.
Reflujo: Cambio comportamental para la mejora.
Esta vez quise aplicar un cambio comportamental, que influía en los estímulos corporales de comer a todas horas, para lograr calmar a corto plazo la irritación ácida y a largo plazo destrozarme.
Así que me propuse que solo podía comer las 5 comidas con horas de separación, y nada entre horas. Y la comida tendría que ser con menor cantidad, porque después de la comida me encuentro peor. Entre horas solo podía beber agua hasta la tarde. Y nada de procesados o comida grasienta o frita.

¡Sufro! ¡Sufro mucho! Pero cuando estoy bien, puedo comer alguna cosa de vez en cuando.
Creo que he ganado en productos de calidad. Por ejemplo, si quiero comer una hamburguesa, la hacemos en casa. Compramos una buena carne y la preparamos con remolacha al horno, queso más natural (no las lonchas), pepino, lechuga, tomate y podemos hacer patatas al horno o batata al horno. Ummm… ¡Qué rico!
Volvamos a lo que nos acontece. Os voy a contar lo que ocurrió con este cambio.
Durante la primera semana, no siempre pude controlar no comer entre horas, pero cuando lo conseguía mejoraba bastante. Lo que me ayudó mucho fue hacer una ruta por la naturaleza, uno de los días del fin de semana. Noté una gran mejoría.
Lo más curioso es, que al octavo día, desapareció el reflujo, por arte de magia. Pero encontré la explicación. Mi cuerpo me intentaba decir algo que yo no era capaz de hacer consciente, cognitivamente hablando.
3 días antes algo que me estresaba mucho y que había elegido yo, desapareció.
Me di cuenta que había tomado una decisión que no estaba basada en lo que quería realmente, sino lo que parecía que era más conveniente para mí. Era una decisión que, cada vez que pensaba en ella, me empezaba a doler la tripa. Imaginaba que me sentiría así con cualquier decisión, pero ahora que desapareció y mi mente eligió otro futuro posible, ya no me sentía así al pensar en ello.
Para que veáis lo importante que es saber hablar con nosotros mismos y entender nuestras emociones y sensaciones físicas.
Averiguar qué es lo que quieres y ser consecuente con ello te hará sentir mucho mejor.
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