Estrés crónico: ¿Por qué me siento como una hormiga zombi?


Probablemente hayas escuchado hablar de las hormigas zombi, que son manipulada por un una especie de hongo. Así me siento yo, manipulada por mi ansiedad. Tanto la hormiga como yo hacemos cosas que no queremos hacer.

Cuando una hormiga es infectada por las esporas del hongo parásito llamado Ophiocordyceps, estas esporas se adhieren a ella y penetran su exoesqueleto. Parece ser que el hongo es capaz de ejercer control mental sobre la hormiga a través de compuestos bioactivos que interfieren con su sistema nervioso y controlan directamente las fibras musculares del huésped. De este modo el hongo consigue que la hormiga haga todo lo que necesita para propagarse y dispersarse.

hormiga zombi

Lo positivo es que mientras una hormiga que ha sido infectada por este hongo, no tiene escapatoria, ya que es letal, la ansiedad puede remitir. Este comentario os llevará a una pregunta:

«¿Y esto del hongo que tiene que ver contigo?»

Os lo voy a explicar. Tener en cuenta que en el próximo post explicaré ¿Qué es el estrés crónico y cómo nos puede afectar?, además de hablaros de la somatización. Pero primero os voy a hablar sobre por qué me siento cómo la hormiga.

¿Por qué el estrés crónico me hace sentir igual que una hormiga zombi?

Desde hace unos años, empecé a tener estrés debido a uno de mis trabajos. Me sentía en continua amenaza cada vez que tenía que ir y estar en mi puesto de trabajo. Anticipaba lo que podía pasar ese día, lo que me producía ansiedad. Durante el día se daban situaciones estresantes, lo que reforzaba el miedo y la ansiedad. Y con los meses esta sensación empezó a trasladarse a mi vida en general. El estrés puntual de algunos sucesos se estaba convirtiendo en estrés crónico gracias a la ansiedad anticipatoria.

Síntomas del estrés crónico

Tras pocos días del suceso estresante inicial, empezaron a revelarse algunos de los síntomas relacionados. Primero empezó a afectarme al sueño e intranquilidad durante el día. Me despertaba en medio de la noche con intranquilidad por ansiedad anticipatoria. Me daba miedo a volver al trabajo. Esto hacía que no lograra dormir. Podía estar días seguidos durmiendo muy pocas horas.

Al poco tiempo, empecé con problemas digestivos, que no se podían explicar por causas médicas, con reflujo. Cuando me encontraba mal, me costaba mucho, dejar de comer ciertos productos que no me sentaban bien. Tenía una ansiedad que me hacía comer más de la cuenta. Me costaba mucho controlarme y, a veces, todavía hoy me cuesta.

Y el problema fue cuando, a pesar de desaparecer el estresor, seguía sintiéndome mal. El suceso que había vivido, fue traumático para mí. No supe entenderlo, hasta que el ansiedad anticipatoria y el estrés crónico se establecieron en mi vida.

Mi hongo se llama Ansiedad Anticipatoria.

Y es que sentía que mi propio cuerpo me manipulaba. Mi «ansiedad anticipatoria» no me dejaba hacer muchas cosa, siempre tenía miedo, hasta de hacer deporte (a ver si me iba a marear o me daba un infarto). Cada vez que quería hacer deporte, me mandaba señales de que estaba muy cansada, que me iba a sentar mal… Y cuanto menos hacía, peor me sentía.

Antes era una persona que conseguía todo lo que se proponía a nivel deportivo, en ese momento no podía ni con la imaginación. Había perdido mucha masa muscular y tenía dolores musculares continuos. Mucha tensión muscular.

Me sentía cansada la mayoría de los días, a pesar de que parecía que descansaba. Y mi estado anímico, en consecuencia, también fluctuaba. Me preocupaban muchas cosas, me costaba parar de pensar en todas ellas. También me enfermaba con mayor facilidad debido a que mi sistema inmune se había debilitado. Hasta me afectaba a nivel menstrual y hormonal.

A veces me decía: «¡Vamos a hacer meditaciones o mindfulness!. Esto es relajado, no me puedo cansar.» Ahí aparecía mi «ansiedad anticipatoria», diciendo que eso no servía para nada, que estaba perdiendo el tiempo. «Pero, ¡si estaba viendo que me sentaba genial!»

Pues no, para mi «ansiedad anticipatoria» todo lo que me saque de esta estado es drama. Porque los cambios me estresaban mucho. Ante situaciones estresantes, la ansiedad anticipatoria se me dispara. Mi mente era como una radio, con muchos canales catastrofistas encendidos a la vez.

Aunque intentaba hacer actividades que podían mejorar mi estado, mi «radio», siempre ponía pegas. Yo no entendía, ¡si era la primera que se queja todo el día!. Y así me controla como el hongo parásito a la hormiga.

Somatización

Si me hubieras visto, no imaginarías que me sentía así. Muchas veces, ni tan siquiera era consciente hasta que aparecían las somatizaciones.

Somatizar es cuando, en este caso, la ansiedad, se manifiesta a través de síntomas físicos reales sin una causa orgánica aparente. Es decir, la mente convierte el malestar emocional en dolencias corporales, como los que os he expuesto.

Por estas razones me siento como si fuera la hormiga manipulada por el hongo.

Y es que el estrés crónico puede actuar en silencio. Puedes no ser consciente de que tu cuerpo está reaccionando hasta que se empieza a expresar. Y el problema es que, muchas veces, no sabemos como expresar las emociones que sentimos, porque nunca nos enseñaron. En mi caso, siempre tuve que guardarme las emociones siendo niña. Así que de mayores tenemos que aprender a hablar mediante el lenguaje y no mediante las enfermedades.

Porque si no, tu cerebro está ordenando liberar cortisol y adrenalina de forma constante a tus glándulas suprarrenales, desgastándote.

Mi proposito

Por esta razón, he creado este proyecto. Un blog sobre estrés, ansiedad, trauma y estrés crónico.

Un lugar donde reflexionaré sobre cómo funciona, causas, y a partir de todo ello, irán surgiendo posibles soluciones que os ayuden a mejorar.

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Psicóloga online

Estrella Mediero. Psicóloga con orientación cognitivo-conductual, especializada en ansiedad, regulación emocional y procesos de adaptación personal.

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